domingo, 16 de octubre de 2011

DOMINIO TACITO

 Suele suceder que las raìces,
las grandes raìces que fermentan en anillos de luz
se ven interferidas por la marcha diaria de lo disoluto,
por la maraña de engranajes de la muerte
y por el sorbo arriesgado de gestos anteriores.
(es pequeña la rosa a la luz del olvido y de la muerte.
Donde canta la noche estàn, agitadas y frìas
las viejas escaleras que nos llevan al polvo.
Ay, por cuanto aquì circula
su empuñadura desencadenada en cenizas
por su traje que descosen los años extirpados
mientras ruge y en su vuelo desgarra  
un eslabòn de relojes espantados
el castigo inmerecido de fiesta del olvido.
Cordillera de luz que las pupilas prueban
y en su salobre asiento, en su dolor de vahos,
articula llorando macizos de crepùsculos...
De dònde este caracol de carcajadas ?
De dònde su escalera palpitante, pròxima
a descuajar al hombre sin salida ?
No es la hierba de plataforma espuria
lo que en telarañas desvalidas amenazan,
a pesar, sin embargo, del destello que aprende
del dìa màs lùgubre su raciòn de cielo ?
Yo pregunto, modifico el encanto del espejo anterior,
acecho  en los laberintos perdidos del silencio.
Amo ese asilencio y su bestia que cercan los suplicios)

Debe ser entonces que los trenes de la infancia
en su dominio tàcito, sueltan un golpe a favor del camino
en contra de lo inmovil en persecuciòn fetal de rieles
apenas encordadas a la palabra NO.

 No procede esta figuraciòn del alma
ni del ditritus feroz de sus muñones
ni sòlo del dìa  y su severo esputo,
no cargo cuentas acùsticas  o recipientes
en que no haya la cocciòn de los ojos,
de la esperanza màs ìntima y del horario
en cuyo musgo de la naciòn de la angustia
desmorona el centro, se resiste y ladra,
cae del cielo y de la tierra,
como no ha caìdo antes, como dolìa
concebir ofertorios de mar y sus augurios de caracola.

 Pero pasa y destruye su acero irremediable
con un rastrillo de piadosas erratas. Es màs
que la pareja desoculta  que se deja redimir en callejones lùdicos,
en donde cada cosa es horizonte de cenizas, espinos y alambradas,
intermitente  factor que se despoja y destruye,
huelga del azul, costra sanguinolenta,
desgarròn terminal del planeta  dictado,
ayer, en las bayas de la infancia,
donde la lluvia desenterrada llora
desde las uvas sedientas del olvido,
desde lejos, y donde los dedos finitos del viaje
imprimen en el polvosu dígito de ausencias.


(Dominio tàcito fue publicado originalmente con el tìtulo de
Movil del tren por el diario EPOCA  de Correntes, argentina,
en Junio de 1975.)

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