domingo, 15 de abril de 2012

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En el cuaderno en llamas que dividieron los sueños del futuro
Es ahora este acto, su eslabón de hierbas que visten las barrancas,
En su indumentaria de pájaros tejidos al rumbo del nuevo nacimiento.
En su dominio de madre espumante,
En su égida vegetal, para su cunple aguas de vísceras discretas,
Por asunción de aromas y latidos del polvo,
Es ahora este acto.
Y es el viento en traje de relinchos,
Y es la polvareda amarga de los ojos en su lasitud:
Aro de adyacencias juglares, desembarcadero de funámbulos
Y curtidores de domingos co-bailables.
Sean para ti los belfos que mojan con su espuma
El proceder que nos ve, trepados a una piedra
Como a su gran ofrenda.
Sea tu libertad y tu paciencia.
Desposa efervescencias de tribus de arco iris
Hasta asumir su precio y su descanso. Su pacto y su litigio.

En el cuaderno en llamas  en que durmieron
Y soñaron hasta perder su brújula los esperados
De todos los caminos
Prevaleces y avanzas en una multitud inconquistable.
Sea por ti la euforia que omite la indolencia
Y sopesa en sus senos  ciudades y espejismos.
Sea por ti los velos de la plegaria
Y la danza cundiendo en la sonrisa y en las manos multiplicadas.
Sea por ti el desvelo que anuncia y profetiza
Y establece su química y su lino.
Su bastión y su ofrenda.
Aún entre el acero y la pólvora irredentos,
A pesar del panal en la caverna y sus lunas de púas.

Más tarde, cuando las grandes crecientes  que descienden
De tus antepasados –al recibir de las barrancas imprecaciones
De colores- anunciabas inciertos caracoles cuyo reino,
Como un páramo sobre un páramo anterior,
Asumieron hasta donde los ojos alcanzan a ver.
Y aún más allá.
Más tarde, con cierta habilidad, y dispuesta
A levantar en tus hombros todas las resolanas del encuentro,
Reaparecías, sucedías, procedías en la hora del lirio.
De su cuidado y sus antiguas predicciones
Descendías. Y el páramo de caracoles en donde
Sucumbió el animal del reposo y los espejos de la razón.
Enmudecieron para verte del lado de los Ojos
En que comienza el  infinito
Y ponderar el origen y su inclemencia
Como una ola fermentiva contra la isla impúber.

En los cuadernos en llamas en que apacentabas
Tus pies como legumbres, en su jornada que transfería
El zorzal
Ocurrió la velada del suspiro.
Alguien se pasea al dorso del misterio.
Y de su hijo interrogado por sus antecesores
Emergieron plantaciones y ademanes acuosos.

Así es, diásporas  y condolencias
Cuando de los despojos de la manzana
No asoman saludadores del futuro
Sino arrozales y acordeones simultáneos,
Y un alazán estriba contra un rayo
Y descose las banderas de raíces del crepúsculo
Y un patio esperado sucede sobre un patio
Que alarga su oquedad hacia la tarde
Y el resumen de un dedo que jugó a la vigilia perpetúa
Su número auspicioso,
Y el remo de una edad que solfea mi credo de aguas dulce,
Conducen la jangada río arriba…

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Lluvia perpetua donde fueron a beber los amigos
Demorados de las guitarras
Constreñidas de profecías aromáticas.

Con qué gesto el hijo que me expresa
Sucederá de pronto en albas de la especie.


Tu desnudez me aparta y pavorisa.
Toda tu desnudez es una rosa.

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