miércoles, 11 de abril de 2012

La sombra y el  Falso Lirio

   No sabría deducir la falsa condición de un lirio. Es más, nadie podría deducir a ciencia cierta qué diferencia a éste de los lirios verdaderos. El sabía de lo efímero de la condición del lirio.                                                                         Este conocimiento le dio la pauta de que la intensidad del sol  de verano apresuraría su ciclo vital y con èllo el desenlace fatal. De modo que sólo su sombra podría preservarlo.  No contó con el hecho de que su sombra era exigua de por sí, y era poco lo que podía hacer a favor del falso lirio.                                                                                         Al medio día con el sol en su cenit, llegò el desenlace crucial. Fueron en vano las lágrimas con las que quiso refrescar la flor y las hojas  marchitas.  Vanas fueron las palabras de súplicas y aliento. En un acto de frustración infinita, (o porque sus fuerzas habían alcanzado el límite exacto de debilidad), el hombre se disolvió en el hilo de sombra que lo  sostenía. La sombra permaneció aún bajo los rayos del sol, hasta la hora del crepúsculo. Cuando con dificultad se puso de pie, hizo el recorrido que su dueño, el hombre,  quiso hacer durante el día y sin remordimiento se confundió con los primeros fragmentos dé la noche.

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