Máxima salió a mojar la lluvia
Máxima salió a mojar la lluvia con lágrimas que ahora hacen de Buenos Aires un espejo de niebla. Sus ojos se han perdido en el jardín real y el príncipe no los puede encontrar. Máxima lee un poema con el cuerpo y cree, vagamente, que un país servido por el látigo espera su sonrisa. Máxima se ha puesto triste al ver un caracol en pos de los recaudos del rosal. Y se dice a sí misma que hay aromas de tango en su jardín. Se ha dormido princesa y en un sueño de duendes memoriosos ha despertado reina. Sus espejos se restriegan los ojos, los rincones se nutren de su sombra y un silencio voraz mide sus pasos. Hay un niño sin voz en su sonrisa y una ni...