OFERTORIO NUPCIAL
¿Qué marea de sangre me trajo a tu silencio? ¿Qué sed de alas rotas atenazó mi pecho para llenar de astros su fondo incontenible, para encender sus cuencas el día de la euforia, para sentir tus sueños mordiéndome la boca? ¿Qué mano, qué designio, qué suceso, qué nombre dedujo la distancia y tuteló mi nombre? Como en la niebla llamo, como en la fría niebla, como al dolor te nombro, como a la vida llamo. ¿Qué tienes tú, que tienes? ¿Qué fuerza te sojuzga? No conozco otro nombre, no conozco otra forma. No conozco otros ojos que no sean los tuyos. Todas las noches vuelven como claras incógnitas, como olas inmensas, como lentas gaviotas. Como el mar es tu ausencia y en el soy el vigía. Como el mar es tu cuerpo cada vez en la tarde, cuando miras lo lejos y lo lejos te nombra. Entonces te rodeo con silencios filosos. Te busco en la intemperie que nace de tus dedos. Te busco en la sonrisa...