OFERTORIO NUPCIAL
¿Qué marea de sangre me trajo a tu silencio?
¿Qué sed de alas rotas atenazó mi pecho
para llenar de astros su fondo incontenible,
para encender sus cuencas el día de la euforia,
para sentir tus sueños mordiéndome la boca?
¿Qué mano, qué designio, qué suceso, qué nombre
dedujo la distancia y tuteló mi nombre?
Como en la niebla llamo, como en la fría niebla,
como al dolor te nombro, como a la vida llamo.
¿Qué tienes tú, que tienes? ¿Qué fuerza te sojuzga?
No conozco otro nombre, no conozco otra forma.
No conozco otros ojos que no sean los tuyos.
Todas las noches vuelven como claras incógnitas,
como olas inmensas, como lentas gaviotas.
Como el mar es tu ausencia y en el soy el vigía.
Como el mar es tu cuerpo cada vez en la tarde,
cuando miras lo lejos y lo lejos te nombra.
Entonces te rodeo con silencios filosos.
Te busco en la intemperie que nace de tus dedos.
Te busco en la sonrisa que se sube a mi copa,
en los labios que hacen su nido en cada beso.
La noche se me ha hecho en la ciudad dormida.
Camino y en mí huyen las calles hacia ti.
Solo hacia ti me llevan las huellas del insomnio.
Pregunto a cada sombra que susurra a mi paso.
Pregunto a las esquirlas que contraen los cielos.
Quiero saber en dónde, en qué lugar, por qué,
cómo nació este fuego que me cose las manos
a la raíz oculta de todos los sentidos,
este fuego que aúlla, amordaza y se hace
posesión y delirio, memoria de su estado.
Allí cabe la queja y el vino del desvelo.
Allí soy infinito para nacer contigo.
No se nos hizo cierto sino por este día.
este que de repente nos confunde y esconde,
este de pariciones, `preguntas y gemidos,
hasta que ya no puedas sino ser vasta y leve
como las criaturas que descienden del sueño
y huyen al espejo cuando las descubrimos,
hasta que ya no puedas sino poblar mi cuerpo
con augurios festivos, con jadeos de mar.
No estabas y el designio del misterio te ha hecho.
Y por eso no eres sin eres por eso.
Estabas ciega y muda. Estabas viva y muerta..
Los cuadernos oculto del polvo se nutrían
de vetas milenarias del árbol del deseo.
Celajes sigilosos pronunciaron tu rostro
y soltaron aromas que llenaron tu cuerpo.
Eres sólo por esto que una edad venidera
contestará la hora y el día de la dádiva.
y desde allí te aguardan las delicias perennes
que luego nuestros hijos convertirán en luces..
desde el pan y el bullicio, desde la sed y el vino..
desde dónde las lenguas de todas las edades
se unen a las cosas que los cuerpos visitan.,
donde no existan puertas que te corten el paso,
donde no existan llaves que que te muerdan las manos,
donde solo recuerdes un día oceánico,
un día que nos una a sus nuevas mareas.,
un día cuyo centro multiplique distancias.
Como el mar es tu ausencia y en él soy el vigía.
Como el alba es tu frente. Tus caderas de mar
no son dados de luna ni campanas dormidas.
Son pueblos a la espera del arca del futuro.
Lloverá en tu recuerdo, lloverá en tus retratos.
Lloverá en tus cabellos, lloverá en tu mirada.
Un círculo de agua ceñirá tu cintura.
Lloverá en tu silencio y no verás la noche,
ya no verás el mundo sino por estos ojos
que te miran ahora.
Lloverá de mis ojos hasta mojar tus huesos,
lloverá sobre el mar. Vigía de las lágrimas,
hay un día sin uso, una astilla sin tronco,
un hijo sin nacer, una casa esperando.
En lágrimas visita el amor y nos llama.
¡Respóndelo! ¡Respóndelo!
El mar sube a tu lecho, desmorona mi copa.
El mar llena tu cuerpo con magnolias y peces.
El mar es tu estallido, tu identidad, tu espejo.
El mar me ha develado. ¿Qué tienes que me embriagas ?
¿Qué tienes tú ? ¿Qué tienes tú?
No hay hija de mujer que me haya hecho
un dolor tan profundo y por eso más dulce.
Es el amor de mar, es el amor, amada,
y en las lágrimas mira hasta dejarme ciego
como olas inmensas, como lentas gaviotas.
*Poema premiado en el año 1977 por el C. S. y D. Juventud Unida
de Goya Ctes. y publicado en el diario Primera Hora.
¿Qué sed de alas rotas atenazó mi pecho
para llenar de astros su fondo incontenible,
para encender sus cuencas el día de la euforia,
para sentir tus sueños mordiéndome la boca?
¿Qué mano, qué designio, qué suceso, qué nombre
dedujo la distancia y tuteló mi nombre?
Como en la niebla llamo, como en la fría niebla,
como al dolor te nombro, como a la vida llamo.
¿Qué tienes tú, que tienes? ¿Qué fuerza te sojuzga?
No conozco otro nombre, no conozco otra forma.
No conozco otros ojos que no sean los tuyos.
Todas las noches vuelven como claras incógnitas,
como olas inmensas, como lentas gaviotas.
Como el mar es tu ausencia y en el soy el vigía.
Como el mar es tu cuerpo cada vez en la tarde,
cuando miras lo lejos y lo lejos te nombra.
Entonces te rodeo con silencios filosos.
Te busco en la intemperie que nace de tus dedos.
Te busco en la sonrisa que se sube a mi copa,
en los labios que hacen su nido en cada beso.
La noche se me ha hecho en la ciudad dormida.
Camino y en mí huyen las calles hacia ti.
Solo hacia ti me llevan las huellas del insomnio.
Pregunto a cada sombra que susurra a mi paso.
Pregunto a las esquirlas que contraen los cielos.
Quiero saber en dónde, en qué lugar, por qué,
cómo nació este fuego que me cose las manos
a la raíz oculta de todos los sentidos,
este fuego que aúlla, amordaza y se hace
posesión y delirio, memoria de su estado.
Allí cabe la queja y el vino del desvelo.
Allí soy infinito para nacer contigo.
No se nos hizo cierto sino por este día.
este que de repente nos confunde y esconde,
este de pariciones, `preguntas y gemidos,
hasta que ya no puedas sino ser vasta y leve
como las criaturas que descienden del sueño
y huyen al espejo cuando las descubrimos,
hasta que ya no puedas sino poblar mi cuerpo
con augurios festivos, con jadeos de mar.
No estabas y el designio del misterio te ha hecho.
Y por eso no eres sin eres por eso.
Estabas ciega y muda. Estabas viva y muerta..
Los cuadernos oculto del polvo se nutrían
de vetas milenarias del árbol del deseo.
Celajes sigilosos pronunciaron tu rostro
y soltaron aromas que llenaron tu cuerpo.
Eres sólo por esto que una edad venidera
contestará la hora y el día de la dádiva.
y desde allí te aguardan las delicias perennes
que luego nuestros hijos convertirán en luces..
desde el pan y el bullicio, desde la sed y el vino..
desde dónde las lenguas de todas las edades
se unen a las cosas que los cuerpos visitan.,
donde no existan puertas que te corten el paso,
donde no existan llaves que que te muerdan las manos,
donde solo recuerdes un día oceánico,
un día que nos una a sus nuevas mareas.,
un día cuyo centro multiplique distancias.
Como el mar es tu ausencia y en él soy el vigía.
Como el alba es tu frente. Tus caderas de mar
no son dados de luna ni campanas dormidas.
Son pueblos a la espera del arca del futuro.
Lloverá en tu recuerdo, lloverá en tus retratos.
Lloverá en tus cabellos, lloverá en tu mirada.
Un círculo de agua ceñirá tu cintura.
Lloverá en tu silencio y no verás la noche,
ya no verás el mundo sino por estos ojos
que te miran ahora.
Lloverá de mis ojos hasta mojar tus huesos,
lloverá sobre el mar. Vigía de las lágrimas,
hay un día sin uso, una astilla sin tronco,
un hijo sin nacer, una casa esperando.
En lágrimas visita el amor y nos llama.
¡Respóndelo! ¡Respóndelo!
El mar sube a tu lecho, desmorona mi copa.
El mar llena tu cuerpo con magnolias y peces.
El mar es tu estallido, tu identidad, tu espejo.
El mar me ha develado. ¿Qué tienes que me embriagas ?
¿Qué tienes tú ? ¿Qué tienes tú?
No hay hija de mujer que me haya hecho
un dolor tan profundo y por eso más dulce.
Es el amor de mar, es el amor, amada,
y en las lágrimas mira hasta dejarme ciego
como olas inmensas, como lentas gaviotas.
*Poema premiado en el año 1977 por el C. S. y D. Juventud Unida
de Goya Ctes. y publicado en el diario Primera Hora.
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