ROMANCE DE LA PARTIDA Al marcharme de mi pueblo con dos mortjas por alas me despidió aquella niña de mirada desolada. Las calles se confundían al final de las palabras y en un cantón de cenizas de nuestro erial, la nombrada pujaba por dar un lirio al espejo equivocado. Desoyó rosas furtivas la piedra del desencanto. En su mascarón de sombras deshojó nuestras promesas. En el pañuelo cortado por una tijera negra dividimos los recuerdos por no perder sus estrellas. A pocas cuadra el río ...