¡Qué de soles en una sola cruz! ¡Qué de lunas fluyendo en la mirada de la mansa! Es como si una casa de pronto me habitara. Es como si otro nombre se insolara en el mío. ¡Qué de ausencias sonríen en este amanecer! Sé mi primer pregunta. Sé la copa inclinada al borde del abismo. Sé mi sed. Y mi hambre. Abre en tu cuerpo un día sin adiós. Sé vetas y polen y semillas y besos y respuestas y manos y caricias, y soñar, (soñar, solo soñar, abrir las puertas del adolecer en donde pastan las bestias del olvido, soñar, tender las manos, hacer de las preguntas almohadas y de las repuestas sábanas). ¡Qué de soles en la sola cruz del cuerpo inhabitado! ¡Qué de azahares la pena que de dioses tardíos, que de nombres sin fe, (ahora, por ejemplo, me acodo en tu mirada, me acuesto en tu sonrisa. Toco los firmamentos de tus labios y me voy no sucedido no coh...